lunes, 21 de julio de 2008

Al mal tiempo siempre buena cara

Varios días han pasado desde que escribí mi último comentario. Cuando creé el blog me prometí mantener cierta periodicidad pero algunas veces las cosas no son como nos gustarían. La semana que ha terminado ha sido verdaderamente rara-resultado claro de no parar-. Siempre estamos viviendo de noche, como decía aquella vieja canción, riéndonos y conectando con la gente (connecting people).
Toda acción tiene una reacción decía Newton en una de sus leyes y vaya que si la tiene!!
Andábamos nosotras el miércoles pasado como si fuera un sábado cualquiera con la fiesta encima, muertas de risa y sin muchas ganas de irnos a dormir (es lo que tienen las noches de verano en Murcia capital, uno siempre suele estar mejor dentro que fuera) que decidimos romper y salirnos de la ruta de locales a los que habitualmente solemos ir. Cerca de las dos y algo de la mañana nos plantamos en Código y allí nos robaron los monederos, digo nos robaron, porque la chica que se los llevó –a la que tengo el disgusto de conocer- no se quedó contenta con uno sino que, también se tuvo que llevar el de Juani.
Dice Juani que suelo tomarme las cosas no demasiado en serio y es cierto, de qué sirve enfadarse si ya ha pasado. Me dio literalmente un ataque de risa presa del pánico de una pregunta que no paraba de rondarme la cabeza: ¿Qué le digo a mi padre? (con mi padre tengo una relación bastante especial pero ya la comentaré) Respuesta: ¡¡¡ Somos gilipollas!!!
Concierta dosis de humor y acompañadas por un chavalillo al que no sabemos cómo darle las gracias, cambiamos el pub por la comisaría donde estuvimos hasta las cinco y cuarto de la mañana. La situación fue como sigue: caladas hasta los huesos y en chanclas –en Murcia apenas llueve pero nos llovió-, sin dinero, y esperando en comisaría, donde las señoritas que supuestamente nos iban a tomar la denuncia decidieron darnos un teléfono para largarnos lo antes posible del sitio. Resignadas y siendo ya las seis de la mañana decidimos irnos y volver al día siguiente.
A las nueve y media de la mañana estábamos de nuevo allí, no con mejor cara (apenas habíamos dormido) pero sí con mayor lucidez. Salió a atendernos un policía jovencillo y nos dijo:-pasad y sentaros (qué diferencia entre las policías y los policias). Ocupamos nuestros sitios y comenzamos a contar la historia surrealista (como más tarde él la catalogaría) delante no de uno, sino de cinco policías nacionales que no daban crédito a lo que estaban oyendo. Mientras nos reíamos y respondíamos a las preguntas del policía comenzamos a hacerle una lista con los bares a los que debía ir (es de Almería) y las zonas que debía conocer. Después de una hora y media en comisaría y de que su superior o jefe, como él lo llamó, se acercará varias veces a cotillear, decidimos levantarnos e irnos porque el público que habíamos congregado ya no eran policías sino amigos con más ganas de reir incluso que nosotras.
Lo que más nos ha fastidiado ...la documentazione y el tener que borrar de nuestras bocas la maravillosa frase: a mí nunca... El resto una experiencia y aunque la gente no lo crea una buena experiencia llenar de humor y que no se olvida, pero... que tampoco se repita.

2 comentarios:

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

Decías que conoces a quien te robó el monedero, ¿no? ¿Lo has recuperado?

Yo, como abogado en potencia que soy, desde luego no te puedo aconsejar que te tomes la justicia por tu propia mano (lo cual es delito), pero considero que quizás, reclamando extrajudicialmente a esa persona que te devuelva la cartera y avisándole de que tienes testigos (aunque no los tengas realmente... ;) ) y estás dispuesta a llevarla a los Tribunales, es posible que la hurtadora se allane a devolver la cartera robada, sin necesidad de llegar a juicio.

En fin, esto último que he dicho no me lo han enseñado en Derecho, pero creo que se podría probar para recuperar lo hurtado de tal manera..., ¿no?

Un saludo.