domingo, 13 de julio de 2008

Tentando por Tientos

La Tauromaquia es de todas las Bellas Artes la más ortodoxa, pues es la que más prepara el alma para la contemplación de las grandes verdades.

Miguel de Unamuno

No oyen la música, ni siquiera el compás. Pero con un paso inconfundible hace su entrada en la plaza. El sol de las seis de la tarde se funde durante unos segundos con un silencio que termina roto por un clamor. ¡El maestro ha vuelto al ruedo! Yo, sentada sola en la grada-estudiante al cabo-me siento ignorante. Sé quién es José Tomás, he leído cosas sobre él e incluso, he visto corridas suyas ante el televisor. Me sorprendo a mí misma, soy incapaz de describir lo que sentí. Tienta por tientos.

Rebelde, provocando al toro, baila a ritmo lento ante la muerte. Sus ojos oscuros miran –partenaire en danza-a una pareja enorme de astas, infinitamente largo, grávidamente pesado, denso en su negrura brava.

Nadie en la plaza. Sólo el toro, Tomás y yo. ¿Qué me sucedió? A penas recuerdo nada más que eso, solos en la plaza. Ni espacio, ni tiempo, ni nada mediaba entre los tres. Constituyendo un todo en el que no cabía nadie más. Ahora recuerdo…creo que miré el reloj de la plaza, a la bandera ondeante, no lo sé. De nuevo mis pupilas bajaron al coso. Desperté, había alguien más, mucha gente más. Me sentí mal había perdido unos instante tontamente, para qué mirar a nadie, para qué mirar nada. ¿Me había perdido algo? No me lo perdonaría. Estoy segura, no me distraje, no podía distraerme.

De todos modos, nadie nunca podrá robarme aquellos instantes, aquellos segundos, aquel momento de mi vida.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Fue un momento mágico, en perfecta compañia... No lo olvidaré

Juani